¿Por qué debe mi empresa calcular su huella de carbono?

La mayoría de las empresas son conscientes de que el clima está cambiando y están empezando a actuar para reducir su impacto en el clima, en la mayoría de los casos reduciendo su huella de carbono. Pero, ¿qué significa medir y reducir la huella de carbono? ¿Y cómo puede una empresa iniciar su camino de descarbonización? ¿Y por qué la mayoría de las empresas de la lista Fortune 500 (58%) ya tienen un plan de reducción a cero emisiones?

La mayoría de los materiales y actividades cotidianas de nuestro sistema económico actual tienen algún tipo de emisión de gases a lo largo de su cadena de suministro. Tanto si se venden productos envasados como si se importan y exportan mercancías, se tiene una granja o incluso se diseñan videojuegos, las emisiones se liberan en algún punto de la cadena de suministro. Entonces, ¿quién debe responsabilizarse de estas emisiones y cómo se pueden medir?

Por ejemplo, si una empresa analiza sus emisiones de carbono a lo largo de un año, ¿cómo sabe si su rendimiento es bueno o malo? ¿Podemos traducir nuestro impacto en datos relevantes? Ahí es donde entra el cálculo de la huella de carbono. No sólo permite a las empresas y a los sectores entender y medir sus fuentes de emisiones, sino que también les permite identificar el uso excesivo de energía u otras ineficiencias.

Qué es el cálculo de la huella de carbono

El concepto de huella de carbono personal fue popularizado por una campaña publicitaria de British Petroleum (BP). El objetivo principal era trasladar la culpa de los productores de petróleo a nosotros, los consumidores. Esta campaña asumía que la reducción de las emisiones debía venir primero de los consumidores. Si bien es importante que los consumidores realicen una transición hacia opciones más ecológicas -ayudando al mismo tiempo al mercado a realizar una transición más rápida- es importante no perder de vista que se espera que las empresas y los gobiernos asuman compromisos significativos.

Calcular la huella de carbono es un paso importante, y el primero, del proceso de gestión del carbono. Es la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por una empresa o actividad, medida en equivalentes de CO2 (CO2e). El CO2e es la suma de todas las emisiones de GEI y su conversión en CO2, ya que no todos los GEI tienen el mismo potencial de calentamiento global (GWP por sus siglas en inglés), lo que significa que algunos son más perjudiciales que otros. Por ejemplo, una tonelada de metano (CH4) mantiene el calor en la atmósfera 28 veces más que una tonelada de CO2.

El cálculo de la huella de carbono puede utilizarse en todas las industrias, desde la fabricación hasta la agricultura y desde el transporte hasta la eliminación de residuos. Incluso las industrias que no tienen emisiones directas aparentes, también son responsables de las emisiones liberadas para llegar a la etapa final. Por lo tanto, la huella de carbono se divide en tres alcances:

El ámbito 1 se refiere a todas las actividades que están directamente relacionadas con sus operaciones comerciales, como los vehículos de la empresa o las emisiones de la producción. Las emisiones indirectas se dividen en los otros dos alcances.

Las emisiones de alcance 2 son las emisiones indirectas procedentes de la electricidad comprada, la calefacción o la refrigeración por vapor para uso propio; en otras palabras, la electricidad utilizada en su oficina está probablemente dentro del alcance 2 de emisiones.

Las emisiones de alcance 3 incluyen las procedentes del transporte (transporte y distribución, desplazamientos al trabajo, viajes de negocios, etc.), los residuos generados en o después de las operaciones, los activos alquilados y el consumo indirecto de electricidad o gas natural utilizado por proveedores, contratistas y clientes. El Alcance 3, al ser el más difícil de medir, se suele descuidar y suele suponer alrededor del 60% del total de las emisiones de GEI.

Muchas industrias que no tienen emisiones directas (alcance 1) podrían alegar erróneamente que tienen emisiones despreciables ya que no gestionan directamente la fabricación, o sólo tienen maquinaria eléctrica. Sin embargo, aunque estas emisiones indirectas (alcance 3) no se perciban de primera mano, siguen siendo “externalidades” que deben tenerse en cuenta.

Próximos pasos y beneficios del cálculo de la huella de carbono

El mapeo de las emisiones de CO2e puede allanar el camino para las mejoras de diseño ecológico, la optimización de procesos y la innovación del modelo de negocio. Si su empresa no se ve afectada actualmente por ninguna de las 1.810 políticas climáticas de todo el mundo, seguro que en el futuro habrá más normativas, ya que el cambio climático es una prioridad creciente en muchos países. Cada vez más empresas deben pagar un precio por cada tonelada de CO2e emitida. Controlar y reducir las emisiones de carbono no sólo se está convirtiendo en una obligación, sino también en una oportunidad de negocio para adelantarse a los competidores.

El primer paso de la acción climática es comprender nuestro impacto para reducirlo. Debemos seleccionar la norma de contabilidad de los GEI, definir los límites y recopilar los datos, que luego utilizaremos para calcular nuestras emisiones utilizando los factores de emisión. Una vez calculadas nuestras emisiones, el siguiente paso es verificar nuestra huella de carbono con una entidad certificadora. Una vez hecho esto, podemos comunicar nuestras emisiones, fijar objetivos y comunicar nuestros progresos.

El cálculo de la huella de carbono permite a las empresas tomar medidas para reducir su impacto en el medio ambiente, identificando y cuantificando las emisiones de CO2e y aportando transparencia a lo largo de la cadena de suministro.

Póngase en contacto con nosotros para comenzar su estrategia de acción climática y calcular su huella de carbono. Nuestro equipo de expertos le ayudará a alcanzar la neutralidad de carbono.